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viernes, junio 26, 2009

Caso Jackson: grandes medios fuera de juego

Los grandes medios quedan atrás de las noticias ante los acontecimientos inesperados.
El fallecimiento de Michael Jackson ha dejado al descubierto características insertadas por las nuevas tecnologías y sus usos en 2009.
El desarrollo de las denominadas redes sociales, la facilidad de “subir” materiales de todo tipo en cuestión de segundos, la conectividad on line casi permanente de millones de usuarios globales está obrando en contra de las grandes cadenas informativas que ven que “cualquiera” se adelanta a las primicias sin necesidad de corroborar la información o contrastar fuentes, cosa que lleva varios minutos y trámites.
Así le fue a CNN que se resistió a confirmar la muerte del “Rey del Pop” cuando ya parecía que la situación era irreversible.
La fórmula de periodistas especializados es útil para realizar análisis, comentarios y proyecciones, para brindar comprensión al cúmulo de información imperante en una sociedad donde muchos son productores de datos. Sin embargo, ante los acontecimientos instantáneos debe primar un criterio de confiabilidad hacia las nuevas fuentes informativas ciudadanas, más informales por cierto, pero más efectivas al momento de la simultaneidad e instantaneidad.
Antes, los medios cubrían los acontecimientos cuando se enteraban de que algo pasaba. Reporteros y cámaras se acercaban al lugar y registraban los datos, elaboraban la crónica del acontecimiento; un relato pormenorizado y cronológico de los hechos, arqueología del periodismo para este siglo.
Hoy, en cualquier acontecimiento, están presentes varias cámaras, varios micrófonos, varios procesadores de mensajes y textos, varias conexiones aéreas con la red, varios “potenciales” corresponsales y, en muchos casos, propietarios de sus propios medios digitales. Los medios tradicionales deberán dar más crédito a las nuevas fuentes y saber reconocer y diferenciar el dato válido de la simulación. La duda puede dejar fuera de juego a los grandes actores.
Durante la década del 90´ una estructura como CNN era pionera en velocidad informativa. Hoy, con el mismo proceder, queda a la zaga de los pequeños medios digitales, de la comunicación de flujos. Ahora deberá valerse de las nuevas fuentes, bajar sus pretensiones y reducir su orgullo. Entender que el dinámico fenómeno de la comunicación contemporánea incorpora diariamente nuevos actores y nuevas prácticas y habrá que saber convivir y complementarse con ellas y con otras que vendrán.

lunes, junio 22, 2009

La aceleración de los cambios y la historia de los medios

Un amigo, Ernesto Bisceglia, ha editado recientemente un libro sobre historia de los medios y del periodismo. Convocado para escribir algunas líneas como prólogo, comparto una reflexión basada en los cambios, cada vez más acelerados, en nuestras sociedades y el valor de la visión histórica del fenómeno de los medios de comunicación.
La tarea de indagar sobre la historia del periodismo y de los medios de comunicación se vuelve apasionante cuando vinculamos el surgimiento y desarrollo de la actividad con las características del momento que se vive en cada época. Habiendo avanzado una década en el Siglo XXI, cuestiones tal vez muy próximas en el tiempo, aparecen desdibujadas y lejanas, advirtiendo la velocidad de los cambios. Cabe la reflexión y la discusión sobre si los medios ayudaron en ese acelerado proceso o si fueron consecuencia de la vorágine de los acontecimientos. Lo más seguro es que exista algo de ambos factores, es más, que la complejidad subyacente habilite un proceso que no deje a un lado otras perspectivas, provenientes de la política, la economía, la cultura, la sociedad, etc.

El estudio de algunos problemas contemporáneos puede ser enriquecido por el conocimiento del fenómeno de los medios de comunicación, ya sea como reflejo del avance científico y tecnológico, o como mecanismo que impacta en individuos y grupos, influyendo en la conformación de un marco de realidad.

Las características de “lo urbano”, no solo representa un ordenamiento territorial, una estética visual o un escenario de intercambio de productos. La ciudad es un ámbito de interacción y la alta concentración de habitantes deviene en una necesidad mediada de interacción.

Los factores de “lo global” se sustentan en un nuevo orden financiero de escala planetaria, en una lógica productiva distinta a la industrial y en un intercambio cultural, diverso y plural. Los medios de comunicación y el ejercicio del periodismo no solo propagan los vórtices de la globalización, sino que integran el entramado de transmisión de datos, de difusión de cultura y de construcción de conocimiento en consonancia con una nueva realidad: los medios difunden la situación planetaria en la medida que construyen una dimensión global de acontecimientos del más variado origen.

El impacto de “lo tecnológico” es otra faceta de estos tiempos, el ejercicio de la vida cotidiana está impregnado por la utilización y la dependencia de factores poco visibles: satélites, fibras ópticas, cables, servidores, antenas y aire. La tecnología nos resuelve diversos problemas, desde el traslado hasta el alimento. Las tecnologías de la información nos conectan al instante, a la distancia y en simultáneo.

Una nueva sociedad se está construyendo y tiene que ver con “lo informacional”. La información como insumo básico está definiendo una nueva economía y nuevas relaciones de producción y trabajo, también de interacción y consumo. Complejas redes se tejen ante nuestros ojos y fuera de nuestro alcance sensorial, abarcando extensiones y albergando datos sobre los que cualquier humano seria incapaz de contener naturalmente. La memoria artificial, extra-mente, y los infoductos de transporte e intercambio ayudan a configurar una nueva humanidad que, si bien quiere, podrá dedicarse más a atender y entender sus problemas.

Para alcanzar a entender parte de los nuevos acontecimientos que caracterizan a “nuestro mundo”, al decir de Manuel Castells, es imprescindible retrotraernos a lo sucedido precedentemente, atendiendo a los antecedentes en los usos y las prácticas de los medios de comunicación y entendiendo las situaciones que han involucrado aspectos económicos, políticos, sociales y culturales.

Cada aporte sobre las historia de los medios y del periodismo nos permitirá reflexionar sobre el presente y arriesgar ciertas proyecciones hacia el futuro.

martes, abril 28, 2009

LOS PERÍODOS ECONÓMICOS Y TECNOLÓGICOS EN EL ESTUDIO DE LA TELEVISIÓN SALTEÑA (PARTE II)

Los cambios acelerados

La televisión no ha dejado de sorprender desde su nacimiento en tierras de Güemes. A poco más de un año de emisiones de Canal 11 se informa la existencia de un estudio de mercado realizado por la firma IPSA S.A., de la ciudad de Buenos Aires. En sus resultados se informaba un índice de penetración de los aparatos receptores del 49% de hogares de la capital provincial. El horario de mayor audiencia corresponde a la franja que se inicia a las 20 hs., específicamente durante la emisión de la telenovela “Ella la gata”. El estudio calcula que más de cien mil personas ven televisión normalmente.

En los setenta el interior provincial comienza a integrarse al mercado televisivo, a través de la instalación de estaciones repetidoras, pero como paradoja, las primeras localidades comienzan a captar las señales del flamante Canal 7 de San Salvador de Jujuy. Así ocurre con las repetidoras de Gral. Mosconi, Embarcación y Rosario de la Frontera.

A fines de 1977 se incorpora una nueva repetidora en el Cerro El Mollar, próximo a Cafayate, que permitirá retransmitir la señal de Canal 12 de Córdoba. Más adelante gestiones del gobierno provincial salteño, que financiará la instalación de Plantas Repetidoras en Orán, Tartagal, Rosario de la Frontera y El Tunal, facilitarán la llegada tardía de la señal de Canal 11 de Salta, al interior. En este último sentido Francisco Uriburu Michel, al ser consultado en 1978 sobre si Canal 11 prevé la ampliación de su radio de influencia fundamentaba las dificultades para ello en las condiciones orográficas del territorio provincial y en la vasta extensión “Esto es ya una labor de gobierno, por cuanto las inversiones necesarias así lo demandan”.

En junio de 1978 Canal 11 emitió los partidos del Mundial de Fútbol, a razón de un partido en directo y dos en diferido por día. Las emisiones desde Buenos Aires llegaban a través de una red provisoria que ENTEL instaló desde el Cerro El Naranjo, cerca de Rosario de la Frontera, con el Cerro 20 de Febrero, a través de un sistema de radioenlace.

En materia de producción local los noticieros y los programas periodísticos y de entretenimiento comienzan a incorporar el registro en video que facilita la postproducción de los materiales y brinda versatilidad en la cobertura de exteriores y las producciones publicitarias.

Hacia fines de 1979 se anunciaba la presentación, en los salones del Hotel Salta, de los primeros receptores en color. La muestra fue organizada por Industrias Electrónicas Radio Serra de Buenos Aires y consistía en la nueva línea de televisores “Talent” de Ranser Color.

En la década del 80 Argentina inaugura tardíamente la nueva era tecnológica de televisión cromática, impulsada desde las inversiones efectuadas para la televisación del Campeonato Mundial de Fútbol, que dispara la conformación de ATC, Argentina Televisora Color.

La transición al color es lenta pero firme, requiere de dos medidas costosas: una por parte de los emisores que deben modificar toda su estructura técnica y la otra por parte de los receptores, quienes paulatinamente van renovando el parque de televisores con las nuevas unidades a color. Sin embrago la presencia de una sola señal televisiva no hace muy atractiva la traslación del blanco y negro al color a los hogares. Es aquí donde comienza a intervenir un nuevo actor que rompe el monopolio aéreo: se inicia una segunda etapa de la televisión por cable, esta vez mucho más efectiva que la primera.


Nuevos emprendedores en el capitalismo local

La década de 1980 representa el acceso a un renacimiento de la tecnología de distribución de señales televisivas por cable. Respecto a 1960, la inclusión del color y la capacidad multicanal, habilita una esperanza para los pivados que se aventuran al desafío, quienes en poco más de una década rescatan con mieles los resultados de la iniciativa.

Si bien los comienzos reunieron las características del romanticismo aventurero, rápidamente los cambios de hábitos en la población, las novedades tecnológicas especialmente en la modernización de los aparatos receptores, los aires de libertad política que auguraban pluralidad de ideas e interesantes debates y la explosión de señales temáticas, permitieron consolidar los sistemas y, por supuesto, los negocios.

En Salta, la española María Isabel (Maribel) Moreno Carpio, una empresaria local, insertada en el área del turismo por un lado y de la publicidad por el otro, trae una inquietud desde un viaje realizado por Suiza, país donde se podía acceder a una importante multiplicidad de señales televisivas de distintos orígenes e idiomas. La idea de iniciar una empresa de cable con capacidad multicanal es compartida a un grupo de empresarios amigos y a los integrantes del estudio jurídico que atendía las necesidades de las empresas de la inmigrante valenciana. Viajes, averiguaciones, trámites y reuniones definen la constitución de Santa Clara de Asís S.A., el 15 de junio de 1983. Acompañaban a Moreno en la ocasión Beni de Frans Bloser (su consuegro), el empresario Fernando Martel, y los abogados Francisco Roberto Soto y Juan Carlos Nallím, quienes comparecieron ante la Escribana Estela Sabbaga. El objeto de la sociedad era la instalación y puesta en funcionamiento de un canal de circuito cerrado de televisión, que inmediatamente comenzó a operar con cabezal de transmisión en la intersección de las dos zonas residenciales más importantes de la ciudad: Tres Cerritos y Monumento a Güemes, las que constituían la prioridad del tendido de líneas. Las primeras emisiones fueron en la señal 2 y constituían materiales grabados enviados por las distribuidoras de la época que luego vieron su esplendor con el desarrollo del cable en todo el interior del país. Las primeras transmisiones comprendían la franja de 18 a 24. La sola condición de poder duplicar la oferta local de una a dos señales fue en la época motivo suficiente para que la venta de conexiones sea constante y expeditiva. En pocos meses y tras vericuetos técnicos se transmitía en directo una débil señal de Canal 7 de Jujuy, captada desde la cima del Cerro 20 de Febrero y proveniente de la repetidora ubicada en Cerro Zapla. Luego se sumó una señal de deportes, en la frecuencia 4, con material suministrado por el “cablero” rosarino Strazza, producto de grabaciones realizadas en Miami desde las emisiones comerciales de los canales norteamericanos.

Posteriormente, con las incorporaciones de las emisiones satelitales de Canal 7 ATC y Canal 9 Libertad, comienza a desarrollarse la etapa de explosión de canales en la grilla del cable, mediante la incorporación de programaciones completas, durante 24 horas, muchas de ellas producidas exclusivamente para la televisión por cable. La realidad multicanal vence escollos técnicos y legales y se inserta rápidamente desde la segunda mitad de la década de 1980, dando sustento al desarrollo económico de los sistemas en diversas localidades del país.

En el marco del nuevo capitalismo local en televisión, diferencias internas en la conducción de Santa Clara de Asís S.A. movilizan a Maribel Moreno a alentar a la poderosa familia Romero a incursionar en el nuevo negocio. Así nace otra empresa de Cable, Futuro S.A., encabezada por el ya conocido José Saicha, amigo de Don Roberto Romero, quien es secundado por los hijos de Maribel Moreno, los hermanos Llacer Moreno. Maribel, quien aun conserva sus acciones en Santa Clara de Asís, asume la conducción de las áreas publicitaria y de programación. El proyecto no prospera por mucho tiempo, la atención de Roberto Romero está sobre una cuenta pendiente: Canal 11 de Cortesa S.A., a la que finalmente logra acceder mediante la incorporación de nuevos socios más allegados a él. Su hermana Nelly, el periodista Luciano Tanto y el ex Intendente de Salta Víctor Abelardo Montoya se integran a la conducción del canal abierto y comparten decisiones con los hermanos Lecuona, Martín y Fernando y el nuevo Presidente del Directorio, Horacio Patrón Costas. En la ocasión, Francisco Uriburu Michel, no duda en despedirse de algunos trabajadores del canal diciendo que había sido traicionado. Finalmente Futuro cierra y abre Gold Vision, el canal de cable de Cortesa S.A.

El Monopolio Transnacional


El camino que sigue Cortesa S.A. está marcado por su incorporación grupos teledifusores del interior que desembocan en los noventa en el proyecto de Televisión Federal: TELEFE. Simoncini de Rosario, Massot de Bahía Blanca y Lecuona de Salta, pasan a ser los interlocutores del proyecto que deriva en la obtención de la licencia de la explotación de canal 11 de Buenas Aires, el que luego los lleva de la mano en un proceso aún no acabado de incorporación de capitales provenientes del ámbito financiera primero y de las telecomunicaciones después que derivan en la adquisición de todos los canales del grupo por parte de Telefónica Internacional. Idéntico destino, por supuesto, vivió Canal 11 de Salta.

En 1997 el grupo de inversiones Mandeville, conformado principalmente con capitales foráneos provenientes del grupo norteamericano HMT&F, realizan una oferta a Santa Clara de Asís S.A. y a Cortesa, para la compra de Gold Visión. La operación se cumple a mediados de año y el cable en la ciudad de Salta queda en una sola mano y comienza a transitar un camino de cambios de inversores hasta formar parte de Cablevisión, hoy de propiedad del Grupo Clarín.

La visión de “sucursal” que comienza a imperar en la conducción local de la televisión de aire y de cable, se instaura y se revela en la carencia de políticas de crecimiento, cambio, innovación, creatividad y compromiso con la compleja realidad local y regional. El rol de las audiencias queda supeditado a la de ser meros espectadores, integrantes de un mercado local, en el que parece primar la idea de que aquello que es bueno para unos pocos que deciden termina siendo bueno para todos.

LOS PERÍODOS ECONÓMICOS Y TECNOLÓGICOS EN EL ESTUDIO DE LA TELEVISIÓN SALTEÑA (PARTE I)

El estudio del desarrollo local de la televisión en Salta, Argentina, ha permitido organizar su cronología desde el punto de vista de la economía-política en cinco grandes períodos, el que puede guardar cierta relación con otras localidades en el interior de la República Argentina, comprendiéndolos de la siguiente manera:

1. El de los primeros emprendedores
2. El del monopolio del capitalismo tradicionalista
3. El de los nuevos emprendedores
4. El del desarrollo del capitalismo local
5. El del monopolio transnacional

Asimismo, los cambios tecnológicos pueden ser distinguidos por otros tantos períodos, los que no coinciden necesariamente con los económico- políticos, aunque ambos incidirán en el desarrollo macro de un sistema de programación, de producción propia o foránea, de acuerdo a las posibilidades y políticas empresariales basadas en objetivos financieros y de posicionamiento social y en factibilidades de infraestructura tecnológica. En este caso los períodos a identificar serán los seis siguientes:

1. Inserción de las primeras tecnologías televisivas.
2. Incorporación del video.
3. Emisión y recepción en color.
4. Distribución de señal multicanal para los receptores mediante sistemas de pago.
5. Distribución de programación satelital para las emisoras y luego para los receptores en forma directa.
6. Digitalización de los procesos de registro, producción, distribución, emisión y recepción.

Las empresas televisivas

La televisión en Salta, como ha ocurrido en la mayor parte de las principales capitales provinciales y ciudades del interior a fines de la década de 1950 y principios de 1960, surgió de la iniciativa de sectores privados, especialmente vinculados al área comercial en general y de la actividad de medios (gráficos o radiofónicos) en particular. En ese sentido los estados nacional y provincial actuaron, más de las veces como simples espectadores. Tal es el caso que muchas veces la reglamentación o legislación sobre funcionamiento fueron posteriores al establecimiento de las primeras experiencias televisivas y, en el caso de Salta, directamente propiciada por los interesados, tal la situación planteada en noviembre del año 1963, ante el requerimiento efectuado al ámbito del Concejo Deliberante de la Capital, que resuelve dictar las primeras reglas de juego para el establecimiento de sistemas de distribución de señal televisiva mediante cable coaxil.

Así se puede indicar que el primer período ha estado marcado por el romanticismo inspirado por la posibilidad de ser partícipes de la incorporación de una nueva tecnología que indudablemente permitía, para el pensamiento y las intenciones de sus precursores incorporar a Salta en los tiempos modernos, tal la intención del gestor de la primera experiencia televisiva Roberto Romero, cuando en 1959 habilitaba las primeras emisiones al referirse a la “moderna expresión de la técnica cual es la televisión”.

Las emisiones experimentales comenzaron por curiosidad sobre las noticias del supuesto impacto del nuevo medio en distintas ciudades del mundo, los emprendedores de las iniciativas de alguna manera estuvieron vinculados a la radioafición, la radiodifusión, la radiotelefonía y los medios gráficos.

Roberto Romero, por entonces Presidente del Grupo Horizontes, propietario del Diario El Tribuno, aceptó la propuesta de una empresa tucumana “Tonsa S.A.” (una empresa dedicada a la venta de calzados que contaba con una sucursal en Salta, que funcionaba en calle Alberdi 117) para emitir señales de prueba desde las instalaciones recientemente estrenadas, que el matutino tenía en calle Zuviría 20, en una de las recovas de la Plaza 9 de Julio. Con una convocatoria a artistas locales las emisiones de pocas horas diarias, sin material envasado, se presentaban mediante un sistema de circuito cerrado ante una veintena de televisores ubicados en las vidrieras de los principales centros comerciales aledaños al paseo principal de la capital provincial.

En las notas periodísticas de la época se resaltan dos aspectos fundamentales del fenómeno televisivo. Por un lado es señalada reiteradamente como un factor de progreso, avance y modernidad y se insiste en comparar la situación con similar actitud de los principales centros nacionales e internacionales que incorporaron el sistema de televisión. Por el otro, se hace hincapié en el factor publicitario señalando que, por ejemplo, en Buenos Aires las casas anunciadoras deben esperar turnos “a veces prolongados” para contratar sus avisos.

En esta primera etapa de emprendedores, empresarios locales que desafiaban la incertidumbre de incursionar en una nueva forma de comunicación, también podemos señalar la habilitación de Canal 3 de la empresa “Sonovisión”, el mismo Romero fue uno de los que lideró el emprendimiento en apoyo a la insistencia de su amigo José Saicha, propietario de una de las casas de venta de productos para el hogar más importante de la ciudad, ferviente radioaficionado, y los fundadores del Radio Club Salta, José Armando Caro y Juan Mesa Sánchez. La visión empresarial de Romero actuó en función de consolidación de un proyecto tan atractivo como riesgoso e impulsó la participación de los propietarios de las más importantes tiendas de electrodomésticos. El ejecutivo de confianza de Romero en el nuevo emprendimiento fue en ese entonces el joven abogado de “Horizontes S. A.”, Víctor Martorell, a quien se le encomendó redactar los estatutos, actuar como síndico y luego como administrador. “La sociedad tenía que financiarse con un porcentaje de lo producido por venta de los aparatos de TV, con el cobro de la conexión y un abono mensual, además de publicidad” (CARO FIGUEROA, 2006).

Los propios integrantes de la flamante sociedad se verían beneficiados por la venta de televisores, ya que sus empresas se encargaban de la misma e incluso de la presentación del nuevo servicio a través de las pantallas instaladas en las céntricas vidrieras. Entre los socios estaban Domingo Saicha, presidente del directorio, propietario de “Casa Nobel”, “Titán” y “Soler”; Yamil Chiban de “Sabantor”; César Pipino y Marta Moschetti de “Moschetti”; Humberto y Ricardo Maluf de “HyR Maluf”, entre otros. Los televisores se comercializaban en ocho puntos de venta adheridos al sistema y que garantizaban la bonificación del derecho de conexión y la instalación interna. Por supuesto en esa época la televisión en Argentina era en blanco y negro. Las primeras tecnologías insertadas provenían de Philips, que financió la compra de cámaras y equipos de transmisión, mientras que los elementos de red eran provistos por la empresa porteña “Deneb”, propiedad de Ing. Carlos Hüller (CARO FIGUEROA, 2006).
En pocos años el gobierno nacional del Dr. Guido resuelve convocar a licitación para la habilitación de canales abiertos en distintas localidades del interior, entre ellas Salta. Se presentan tres empresas: Telenorte (integrada por los socios de Sonovisión); Radiodifusora Gral. Güemes (licenciataria de la radio LV9); y Cortesa S.A., a la que finalmente le es adjudicada la señal. El nuevo grupo que comienza a participar en el escenario de los medios salteños estaba liderado por el Francisco Uriburu Michel, referente del conservadorismo local, e integrada por profesionales y comerciantes vinculados con las familias tradicionales salteñas. La falta de experiencia en la actividad impulsa a los integrantes de Cortesa S.A. a convocar a los otros dos grupos para integrarse a la sociedad que explotará los servicios televisivos. Así Canal 3 deja de emitir y Canal 11, inicia sus transmisiones al aire en abril de 1966. Las relaciones internas entre los integrantes de los distintos grupos que conformaban la sociedad no prosperaron y la emisora quedó en manos del núcleo original de “Cortesa S.A.”, siempre encabezado por Uriburu Michel. Esta situación reflejaba y a la vez promovía cierta tensión política, económica y social que marcará la historia salteña del siglo XX. Por un lado la aristocracia y el conservadorismo, por el otro el surgimiento de la burguesía comercial y liberal. La primera representada en la figura de Uriburu Michel, la segunda en Roberto Romero.

“Con el gobierno de facto encabezado por Juan Carlos Onganía se cambiaron las reglas de juego en materia de radio y televisión, para aplicarse un juego sin reglas, destinado a favorecer a los sectores adictos al régimen. Fue en esas circunstancias que Uriburu Michel maniobró en las esferas del poder para que su propio grupo se apoderara de la conducción de canal 11, dejando afuera a los otros accionistas por un período que se prolongó 18 años” (EL TRIBUNO, 1999, 50).

De esta manera se establece un largo período con un solo canal de televisión y se consolida el modelo de monopolio del capitalismo tradicionalista.

APORTES DESDE LA ECOLOGÍA DE LA COMUNICACIÓN Y LA ECONOMÍA POLÍTICA (PARTE II)

La tecnología de comunicación en el modelo capitalista
Es menester tener en cuenta la importancia de los avances de la ciencia a las aplicaciones correspondientes al desarrollo tecnológico, entendiendo a este como una extensión de una función humana que incide directamente en nociones como tiempo y espacio y que constituye una de las facetas más revolucionarias en el devenir de la humanidad, proyectando en escala la producción de mercancías, el tránsito de la manufactura artesanal a la industrial, la expansión del comercio o, como es en nuestro caso, la difusión rápida y a distancia de signos y sus consecuentes significaciones, como así también la conservación y la reproducción a escala en múltiples soportes de la memoria individual y social. Mc Luhan rescata de Joyce el descubrimiento de que todos los cambios sociales son el efecto que las nuevas tecnologías (auto amputaciones de nuestro propio ser) ejercen sobre el orden de nuestras vidas sensoriales, “toda importante innovación técnica perturbará de tal modo nuestras vidas interiores que las guerras, necesariamente, resultarán esfuerzos bastardos para recuperar las viejas imágenes”. (Mc Luhan, 1971). “El tiempo ha cesado, el espacio se ha esfumado. Ahora, vivimos en una aldea global”. (Mc Luhan, 1992). Todos los factores aludidos participan de alguna manera en la acumulación del capital móvil. Más aun es en nuestro propio momento al decir de Mandel, en la fase postindustrial del capitalismo, tardío, de consumo y de expansión global, donde la tecnología acompaña al proceso económico vigente (JAMESON, 1991).
Así puede comprenderse el impacto de la tecnología en la sociedad, el factor ecológico, la relación entre el hombre y las tecnologías desarrolladas que favorecen, en cierta manera, la incorporación, adaptación y/o correlación de la actividad humana actual a los requerimientos sociotécnicos vigentes, en una escala acelerada de cambio, de incorporación de nuevas tendencias, de aplicación de renovados usos y de la más compleja alteración tempoespacial jamás experimentada. “La difusión masiva de los nuevos instrumentos, técnicamente realizable y económicamente rentable, va a producir indudablemente no solo los efectos en un principio deseados, sino que va a provocar también profundas transformaciones socioculturales”. (REESE, 1982).

La inclusión o exclusión de personas o de vastos grupos está condicionada por su capacidad de adecuación a las exigencias de los nuevos instrumentos y usos, lo que a la vez participan en el proceso de enajenación de tiempos productivos e incluso improductivos. De esta manera las mejoras de los ingresos de otros cada vez más importantes sectores autorizan la inclusión en los mercados reales que se expanden no solo a escala global, sino a escala interna introduciendo nuevas necesidades a satisfacer, nuevos esfuerzos para aspirar a esas satisfacciones y nuevas posibilidades de adquisición de mercancías tanto materiales como de sustento intelectual. La disponibilidad de ciertos tiempos liberados en los procesos de producción, los traslados urbanos en largas distancias y los requerimientos de información del entorno y adecuación a las exigencias sociales existentes, han abierto en las sociedades de fines del siglo XX y principios del XXI, nuevos canales para la difusión de contenidos a través de nuevas tecnologías y relativamente económicas formas de producción, distribución y conserva de información de características culturales, habilitando nuevos segmentos económicos en las áreas de la información, el conocimiento y el entretenimiento. Todo ello integrando un entramado económico de dimensiones globales que expande sus formas en organizaciones sociales asiáticas, como las de China e India.
“Las tecnologías de información son instrumentos, cuya aplicación se rige por y está al servicio de los intereses dominantes de la sociedad. Por esa razón, toda nueva aplicación tecnológica redunda siempre en una consolidación de dichos intereses”. (REESE, 1982).
De esta manera las tecnologías de información actúan como factores de intensificación de tendencias, favorecidas primero por el desarrollo de la tecnología a vapor, luego por la eléctrica y por último por la electrónica, transitamos en pocas décadas, desde mediados del siglo XXI y la expansión de la prensa para las masas, pasando por el siglo XX y la consolidación con el transistor de la radio primero y la televisión después, para llegar por último a la integración de procesos digitales de producción, distribución, emisión, reserva, conserva y reproducción de textos, imágenes y sonidos, indistintamente.

lunes, marzo 30, 2009

APORTES DESDE LA ECOLOGÍA DE LA COMUNICACIÓN Y LA ECONOMÍA POLÍTICA (PARTE I)

La elaboración de una investigación sobre el surgimiento y desarrollo de la televisión en la provincia de Salta, República Argentina, ha permitido, entre otras cosas, iniciar una reflexión sobre marcos teóricos en el estudio de problemas de comunicación e información. Planteada en primera instancia una perspectiva de estudios doble, desde la economía política de la comunicación, por un lado, y las rutinas de producción, por el otro, asoma la factibilidad de introducir algunas interpretaciones a través de la inclusión de una mirada desde la denominada Ecología de la Comunicación. Experiencia sumada a raíz de ciertos aportes realizados anteriormente en una tesis doctoral presentada en la Universidad de La Laguna y donde se proponía analizar el impacto social de la televisión por cable en el mismo contexto geográfico del proyecto antes mencionado.
El análisis diacrónico del primer trabajo aludido, de base documental y testimonial, principalmente, y las interpretaciones derivadas de la tesis, centrados en la descripción de un fenómeno tecnológico que cambió profundamente el marco audiovisual, impactando en la sociedad y la cultura, permitiendo asumir posiciones de uso del nuevo medio en las audiencias, derivó en la comprensión de un complejo panorama que involucraba tanto a personas y organizaciones vinculadas a la producción de tecnología, servicios y contenidos, como así también a instrumentos tecnológicos que no dejaban de ejercer cierta influencia en los usuarios, como éstos a la aplicación y utilidad de aquellos, a entender la presencia de una actividad múltiple retroalimentada, donde medios y sociedad, tecnologías y personas actuaban desde necesidades, expectativas y posibilidades, y donde intereses económicos y políticos también se ponían en juego.
Es en este punto donde se anima una voluntad de aproximar las concepciones de dos corrientes teóricas con historial propio y a veces contrapuesto en los estudios de comunicación y cultura.
Las adhesiones a ciertas concepciones teóricas en el ámbito del estudio de los fenómenos de la comunicación han derivado, más de una vez, en polémicas que alentaron la división rotunda de las aguas de los ámbitos de competencias y probables aportaciones enriquecedoras de unos marcos teóricos hacia otros.
En este caso se intentará animar una vía de diálogo, de encuentro, de enriquecimiento entre dos corrientes que aportan, entre fines del siglo XX y principios del XXI, importantes conceptos sobre el funcionamiento de los fenómenos vinculados a la comunicación y la información. Una, la ecología de la comunicación (Innis, Mc Luhan, Postman, entre otros), con una concepción basada en los cambios tecnológicos que impactan en la escena socio-cultural de los últimos tiempos. La otra, la economía política de la comunicación y la información (Smythe, Schiller, Bolaño, entre otros), con una concepción basada en la intervención del concepto de mercancía y la consabida concentración económica correspondiente a la etapa última del capitalismo occidental con expansión global. La meta es entender como desde ambos paradigmas se pueden obtener aproximaciones que ayuden a la comprensión de los fenómenos de la comunicación contemporánea en un intercambio fecundo, integrador y contrastante.
Seguramente, los resultados favorables a la comprensión de los aportes de ambas concepciones estarán íntimamente ligados a una postura inicial del científico, es decir, su propia esencia, la de una mente abierta a las proposiciones más diversas, al constante cuestionamiento de sus propias aseveraciones y a evitar la tentación de caer en el determinismo de ciertas posiciones, como así también en el eclecticismo. Desde la ciencia social, evitando cierto carácter doctrinal. En ese sentido hay que advertir sobre las diferencias entre la ciencia y la política, asumiendo las características de la primera y no de la segunda, de acuerdo al rol que competa asumir, el contexto, etc. He aquí tal vez el primer problema de la comunicación, en el sentido que si el científico de la comunicación es a la vez profesional de medios y en una manera de explicitar las condiciones profesionales del político y el científico (WEBER, 1976), el periodista es un político profesional asalariado y, también, el menos independiente en lo económico de todos los políticos profesionales, a la vez que la empresa periodística es una empresa permanente.
En el siglo XX la esfera de los medios de comunicación comienza a incluirse en el ámbito del conocimiento científico de sus fenómenos, entre ellos los de producción y consumo, los de las consecuencias esperadas o no esperadas, dan lugar a los efectos, al impacto social, al reforzamiento de tendencias sociales o al cambio, situaciones donde de una manera u otra la función intelectual del generador de mensajes en los modernos medios de comunicación comienza a ser considerada desde distintas ópticas (análisis de discurso, rutinas de producción, gatekeepers, conformación de agenda, etc.) incluyendo la que corresponde a la subsunción de la tarea de trabajadores de la información y la cultura (Bolaño, 2002).
Optar por cierto determinismo tecnológico desde la Ecología de la Comunicación, o por cierto determinismo económico desde la Economía Política de la Comunicación conlleva el enredarse en una simplificación o reducción que debería ser reemplazada por entender que tanto la tecnología, los cambios acelerados en los instrumentos y sus usos, como la base económica de la estructura social y de los medios, son factores importantes en la vida y el mundo actuales, sin desmerecer además la existencia de otros factores como el lenguaje, la estética, las expresiones culturales locales, etc.
El punto de partida de la Economía Política de la Comunicación como paradigma científico y la incorporación de los aportes de la Ecología permitirá dar un paso en aquello que propone Bolaño de constituir un marco teórico no excluyente pero a la vez no ecléctico con el enriquecimiento de nuevos enfoques.

martes, junio 10, 2008

LAS TRANSNACIONALES DE LA COMUNICACIÓN: OFERTA AUDIOVISUAL EN LATINOAMÉRICA EN EL CAMBIO DE SIGLO (PRIMERA PARTE)

La década de 1970 se caracterizó en Latinoamérica por el análisis de la presencia de las empresas trasnacionales de la comunicación en el panorama de medios de las distintas naciones. Producción de contenidos, performatividad tecnológica y participación accionaria en las sociedades, eran constantes en la forma en que se presentaban los capitales internacionales, especialmente originarios en Estados Unidos, en los distintos casos analizados. Así, la elaboración de Armand Mattelart y Ariel Dorfman, en relación a las historietas del Pato Donald, apuntaba a los contenidos elaborados trasfrontera, que manifestaban modelos de sociedad, cultura y relación interpersonal ajenos a las realidades propias del subcontinente. En otro caso, la presencia del gigante de las telecomunicaciones ITT, refería directamente al campo de la tecnología y sus aplicaciones. Mientras, la propiedad televisiva en Latinoamérica de canales de televisión, por parte de las tres grandes cadenas norteamericanas apuntaba a la composición propietaria de los medios locales. Tal fue el caso en Argentina con las vinculaciones de los canales y productoras 13 (Proartel), con CBS; 11 (Teleinterior), con ABC y canal 9 (Telecenter), con NBC . El Informe Mc Bride y las conclusiones de la Reunión de San José de Costa Rica, en 1976, dan cuenta del diagnóstico del momento sobre la situación mundial de la comunicación.


A principios del siglo XXI, la participación directa del capital trasnacional en forma total o al menos dominante, en las empresas que operan en Argentina, se contrapone a la situación de algunos otros países. Brasil, recién en estos tiempos, aprueba la extensión de capitales externos hasta en un 30 por ciento. “Gran Bretaña dijo que planea eliminar una regla que limita a un 25% la propiedad de una empresa de fuera de la Unión Europea en un medio de comunicación británico”... “ Las leyes estadounidenses establecen un estricto límite de un 20% en la propiedad extranjera de cualquier medio de comunicación, así como también un límite de un 25% en propiedad indirecta a través de, por ejemplo, una participación en un holding”. (1)



En los ochenta, en la República Argentina, el furor de la democracia y el desarrollo de una particular aplicación tecnológica, como lo ha sido la televisión por cable, referente paradigmático de la neotelevisión en el Cono Sur de América, colaboraron a la toma de una conciencia superadora de aquel factor característico de la economía política de la comunicación. Las relaciones- oposiciones: centro-periferia, dominación liberación, nacional – trasnacional, quedaron atrás al aplicarse la autodeterminación popular mediante la expresión electoral y surgir en forma consolidada múltiples sistemas de distribución de señales televisivas que canalizaban expresiones locales, regionales, nacionales e internacionales, en ese orden.



En todos los casos, las empresas de cable, pertenecían a pequeños empresarios o profesionales locales, aventureros, apasionados, innovadores, que tomaron el desafío, incluso, de competir con los tradicionales grupos que ostentaban el poder en las estaciones de TV abierta de las capitales de provincia. Entre otros, los Liberman o Eurnekian, en Capital Federal; Strazza, en Rosario, o tantos otros en cada ciudad argentina, para la distribución por cable e incluso para la producción de programas, como ha sido el caso de Alberto González, presidente y fundador de Imagen Satelital. En simultáneo, los aires de libertad de expresión y las expectativas esperanzadoras de un futuro favorable animaban el crecimiento y el desafío de múltiples emprendedores que en cientos de localidades asumían el riesgo de distribuir canales y hasta de producir contenidos propios.



La situación positiva avanza hasta mediados de los noventa en pleno furor de la aplicación del plan de convertibilidad pero, además, en medio del fragor de la corriente privatizadora, que en el ámbito de los medios audiovisuales impulsa una reprivatización. En este caso es el traspaso de empresas del ámbito de la producción de señales y su distribución a manos de capital trasnacional, impulsadas por el pensamiento dominante, consistente en que las pequeñas o medianas empresas locales no podrán afrontar el desafío de la renovación tecnológica ni la dura negociación de contratos con los grandes distribuidores de señales internacionales. Como resultado, gran parte de las empresas pequeñas se vendieron, se conformaron los MSO (Operadores de Sistemas Múltiples), se dejó gran cantidad de gente en la calle, disminuyó notablemente la presencia en cantidad y calidad de programas locales y regionales, los sistemas perdieron su identidad lugareña, se quitaron del básico señales de excelente aceptación (HBO y Cinemax) y no se concretó por completo la modernización ansiada de las redes que permitiera la tan propagada convergencia tecnológica, y menos aun su aplicación democratizadora y libertaria.


El análisis que se propone realizar apunta al ámbito de la propiedad de las estructuras empresariales de la comunicación del rubro audiovisual, de origen trasnacional, específicamente de la televisión multicanal (por cable o satélite) cuyo escenario es la República Argentina, efectuando una comparación retrospectiva a la situación planteada en décadas anteriores y que no deja de tener su proyección en una realidad sudamericana. En ese sentido, y de manera contextual, es importante reconocer la estratégica situación que posee la comunidad latina de América, de raíz lingüística castellana, condición que la ubica en un alentador mercado para la industria audiovisual originada en distintos centros de producción y distribución. Con más de trescientos millones de personas, la población castellano parlante del continente americano, se convierte en uno de los más nutridos y lingüísticamente homogéneos sectores demográficos del planeta. Desde Canadá hasta Tierra del Fuego, ese amplio sector se presenta permeable a distintas propuestas, incluso a las diferencias en la entonación de cada país y región, o a los giros, que en base al mismo idioma, se estilan por todo el continente. Sin dudas, esta situación ha sido tenida en cuenta en el momento en que cada conglomerado audiovisual ha decidido su expansión fuera de los límites nacionales, sin desconocer que además, muchos de ellos, lo han hecho fuera del continente. Pero resulta que el público de habla castellana de América, aparte de ser numeroso y de haber presentado, como es el caso particular de Argentina, Uruguay, Chile, México, entre otros, una importante inserción doméstica de la tecnología de recepción, se concentra geográficamente en un amplio territorio que bien puede ser cubierto por una razonable cantidad de satélites. Es por eso que fuera de este contexto queda España, la que acompaña al pequeño continente europeo en una amplia diversidad lingüística.


(continuará)




NOTAS:
(1) “ Inglaterra abre los medios, pero EE.UU. no devuelve el favor”, en
Diario La Nación, Sección 2, The Wall Street Journal Americas, lunes 13 de mayo de
2002, pág 5., firmado por Charles Goldsmith en Londres (The Wall Street Journal).

miércoles, mayo 14, 2008

Las cuatro tecnologías que cambiaron la comunicación

EL CIRCUITO ELECTRÓNICO INTEGRADO
El primer elemento tecnológico, en un análisis cronológico, pero fundamental a la hora de desarrollar las aplicaciones de los otros tres (el satélite, los sistemas digitales y la fibra óptica) en el área de las telecomunicaciones, es el circuito electrónico integrado: unidad en miniatura formada por transistores, resistores y capacitores, que otorga mayor fidelidad, capacidad y flexibilidad en los sistemas de comunicación. Este antecedente tecnológico es el que ha permitido el menor peso y tamaño, tanto de equipos productores, como emisores y receptores.

Con la incorporación de un semiconductor natural como el silicio se da lugar a una moderna versión del circuito electrónico integrado: el microprocesador, o chip, cuya primera versión es de 1971, con el INTEL 4004. En la actualidad un diminuto microprocesador puede albergar más de 50 millones de transistores, previéndose almacenar a 800 millones en algunos años.

Los semiconductores son materiales con una capacidad de conducción intermedia entre los conductores y los aisladores de electricidad. Es decir que cumplen la función de conducir la información con alta fidelidad, preservándola a su vez con la suficiente aislamiento respecto a ruidos o a otras informaciones, que en una frecuencia muy próxima, también son transportadas por el mismo vínculo físico.

Así fue como pasamos de la radio a galena (un mueble grande y pesado en un rincón de la casa) al pequeño receptor am-fm, con livianos y delicados auriculares. Del negro aparato telefónico empotrado en una pared a un diminuto celular de bolsillo. Del viejo televisor blanco y negro, con estabilizador de corriente, a un liviano aparato a color y estereofónico con sintonía de decenas de canales. De gigantescas computadoras con tarjetas perforadas y cintas magnéticas a livianas unidades de mano y de bolsillo (lap top, note book, palm top).


EL SATÉLITE

Los satélites artificiales ( los geoestacionarios son de nuestro mayor interés, por que su aplicación es en el ámbito de las telecomunicaciones, debido a que giran alrededor de la tierra al mismo tiempo que ella, los que les permite estar en un “punto fijo” de irradiación) pueden cumplir diversas funciones, entre ellas: para los sistemas de comunicaciones interpersonales o sociales; para la inteligencia, e incluso, la acción militar y para la realización de estudios científicos, tanto en la superficie terrestre como en el espacio.

Nuestro mayor interés residirá en el ámbito de las comunicaciones a distancia, es decir, las telecomunicaciones.

Luego de varias experiencias desde 1957 con el lanzamiento del Sputnik 1, por parte de la Unión Soviética, comienza a funcionar en junio de 1965 el primer satélite de comunicación comercial: el Early Bird o Pájaro Madrugador, también conocido como INTELSAT I, que principalmente sirvió para las comunicaciones telefónicas transoceánicas entre América y Europa. El Early Bird contaba con 240 canales acústicos en dos sentidos.

El segundo pájaro fue lanzado en 1967, para abastecer las necesidades de las costas del Pacífico.

El proyecto INTELSAT, que hoy aglutina a más de un centenar de países, tiene su génesis en la COMSAT, creada en Estados Unidos a instancias de la Ley de Comunicaciones por Satélite de 1962.

En los años 90 INTELSAT contaba ya con diecinueve satélites y seis versiones que multiplicaron notablemente las capacidades de transmisión del Early Bird, llevándola a 24.000 circuitos de voz, con capacidad para transmisión de todo tipo de datos.

La primera fase en el desarrollo de la tecnología satelital de comunicaciones está asentada en la recepción y distribución de señales de todo tipo para grandes estaciones; es decir que todo dato, antes y después, circula por carriles o corredores terrestres a cargo de grandes operadores.

La segunda fase de los satélites de comunicaciones comprende la ampliación de los servicios a aplicaciones de uso directo. Es decir, la información es transmitida o recibida desde una ubicación usuaria. La primera parte de esta fase estuve signada por el surgimiento de sistemas domésticos de satélites, de cobertura nacional o regional, para fines educativos o de desarrollo económico. Así países como Brasil e India han abarcado extensos y distantes territorios con programación televisiva desde los principales centros administrativos y económicos.

Sólo resta aclarar que los circuitos electrónicos integrados primero, y su más moderna versión: los microprocesadores, luego, han sido fundamentales en el desarrollo de la tecnología aeroespacial satelital. El primer elemento tecnológico mencionado en este estudio ha revolucionado las aplicaciones satelitales, resolviendo muchas cuestiones: inferiores costos, menor peso, mayor flexibilidad, ínfimo consumo de energía (los satélites en el espacio de sirven de la energía solar a través de paneles) y la duplicación de los circuitos (en el caso de una salida de servicio de un circuito, este tiene su mellizo que automáticamente se pone en funcionamiento por el sistema de conmutación).

LOS SISTEMAS DIGITALES

El componente más divulgado y representativo de los sistemas digitales es la computadora, aunque los antecedentes del lenguaje digital es anterior, incluso en la confección previa de las calculadoras.

La primera computadora ha sido reconocida como UNIVAC I, puesta en funcionamiento en 1951 por la Oficina Nacional de Censos de EEUU. En ese país se estimaba que en 1956 existían mil computadoras en funcionamiento, mientras que para 1966 se estimaba su existencia en 35 mil.

La función principal de una computadora es el almacenamiento, localización y procesamiento de grandes cantidades de información en pequeñas unidades de tiempo, en una ecuación ideal de - tiempo + volumen.

El mayor aporte de los sistemas digitales reside en su lenguaje, es decir: la capacidad de convertir la información en código binario, utilizando cero y uno, que representan la ausencia o presencia de información.

La utilización de este código permite la manipulación de los datos (con lo que por ejemplo se pueden mejorar la condiciones de luz de una imagen fotográfica); la compresión de los datos (eliminando la información que se repite y solo modificando la nueva, lo que reduce la cantidad de información); y la alta velocidad de localización y procesamiento de la información (debido a la participación de microprocesadores).

También en el caso de los sistemas digitales es de notable valor el aporte de los circuitos integrales y microprocesadores para la evolución de las diversas generaciones de computadoras.

LA FIBRA ÓPTICA

La fibra óptica es un excelente conductor de luz, flexible, de gran capacidad y de óptima permeabilidad para diversos usos. Estas características permiten transportar por un hilo de fibra óptica grandes volúmenes de información, a una considerable velocidad, a grandes distancias sin necesidad de amplificación, en un amplio ancho de banda, sin interferencias y con notable fidelidad, es decir, sin pérdida en la calidad de la información.

La fibra óptica es un material industrial construido a partir de un filamento de silicio que permite canalizar la información a través de la emisión de ondas luminosas que se envía a sus extremos en forma de señales.

Las primeras aplicaciones de fibra óptica fueron realizadas en la fabricación de modernos helicópteros que debían prestar servicios en la Guerra de Vietnam.

El cableado tradicional de los comandos de conducción y artillería de las naves fue reemplazado por tendidos de fibra óptica para optimizar su funcionamiento, simplificar las redes y ocupar menos espacio.

Luego surgieron las aplicaciones en las comunicaciones, construyendo amplias redes tanto urbanos como de vinculación regional e integración continental. En 1995 ha sido habilitado el último eslabón del circuito mundial de comunicaciones con fibra óptica, capaz de transmitir de forma instantánea y en amplios flujos de información, voz, datos e imágenes. El cable Transiberiano une Europa, desde dos extremos, Copenhague y Palermo hasta Corea y Japón, atravesando Siberia. En 1988 ya habían sido unidos por este material Estados Unidos con Europa, a través de un tendido transatlántico, y en 1989 Estados Unidos con Japón por el Pacífico.

En estos momentos diversas empresas cuentan con redes internas de fibra óptica y muchas transportadoras de datos han construido sus troncales de distribución con este material.

miércoles, mayo 07, 2008

La Televisión en Salta: Parte 3 "La Empresa Televisiva"

La televisión es sinónimo del progreso

Pero si bien Canal 3 de Sonovisión fue el primer sistema formal en emitir señales continuas de televisión por cable no lo ha sido en la conformación de la sociedad que lo sustentó. En 1960 adelantados por los diversos procesos de autorización de instalación de sistemas televisivos en Buenos Aires y otras localidades importantes del interior, un grupo de profesionales inscriben una sociedad denominada Cortesa (Compañía de Radio y Televisión, Sociedad Anónima), la que pasados los años se presenta ante la convocatoria de habilitación del primer canal abierto de Salta, pretensión también anhelada por los más importantes integrantes de Sonovisión que habían conformado Telenorte y por Radiodifusora Güemes S.A. liderada por el Dr. Vidal, bioquímico de profesión.
El gobierno nacional del presidente Guido otorga la licencia de Canal 11 a Cortesa S.A. tirando por lo bajo los proyectos de Sonovisión S.A.
Con fecha 30 de diciembre de 1960 se registra jurídicamente Cortesa cuyo primer directorio estuviera conformado por Mario Ernesto Lacroix, empresario y comerciante local, propietario de una de las más importantes tiendas de artículos para el hogar de la ciudad; Luis Roberto García Pinto (quien llegara a ser interventor del Diario El Tribuno, hasta entonces conducido por dirigentes peronistas- entre ellos el gobernador Ricardo Durán, y el mismo partido, tras la Revolución Libertadora), Evaristo Manuel Piñón Filgueira y Francisco José Melquíades Uriburu Michel quien fuera su primer presidente. Uriburu Michel fue un reconocido dirigente político conservador, Convencional Constituyente en 1957, candidato a Diputado Nacional por el Partido Demócrata Nacional en 1951 y uno de los creadores de la Unión Provincial. Otros integrantes de la sociedad fueron Marcelo Cornejo Isasmendi, Oscar Cornejo Solá, Ernesto Figueroa García, Elsa Patrón Costas de Alsina y Eduardo Florencio Patrón Costas. En términos generales se trataba de profesionales, comerciantes o hacendados destacados pertenecientes a notables familias salteñas.
Para los observadores y revisores de la historia reciente se trata del desenlace del enfrentamiento de dos grupos, de dos posturas ideológicas distintas, en un escenario tecnológico, de intereses económicos y valores culturales vinculados a visiones proyectivas de Salta.
Sin embargo para ambos proyectos empresariales no era ajena la vinculación de la televisión al progreso de la región y la sociedad, al desarrollo económico y a la incorporación de una periférica provincia norteña a los beneficios de la denominada modernidad, auspiciada por el cada vez más preponderante rol de la ciencia y la tecnología.
Es así como Roberto Romero, al iniciar las emisiones experimentales de Tonsa TV, emitía conceptos refiriéndose a la televisión con una “moderna expresión de la técnica cual es la televisión”.
Roberto Romero fue gobernador constitucional entre 1983 y 1987, interviniendo en política desde el Partido Justicialista, proponiendo un proyecto denominado “Nueva Salta”, interpretado por muchos como el ascenso de un nuevo sector de poder proveniente de la burguesía comercial y profesional, aliada a los sectores populares en contraposición a los intereses directos de la aristocracia salteña. Tal vez, una selección de frases de aquel breve discurso de 1959 nos permite advertir con anticipación una visión del futuro dirigente político:
“Por cierto que nos sentimos sumamente satisfechos si ello se tradujera en un adelanto definitivo para nuestra provincia. Pero creemos que esta experiencia de la televisión en circuito cerrado puede ser el primer paso hacia las grandes concreciones.
El norte del país y Salta por ende, exigen superaciones. Debemos marchar adelante ganándole al tiempo.
Y ello solo será factible con el esfuerzo mancomunado de todos los hombres de iniciativa.
Debemos abrir el camino para que esta moderna expresión del periodismo, lograda a merced de la ciencia electrónica sea en un futuro cercano una realidad definitiva en Salta.
La cultura de nuestro pueblo, los requerimientos de una educación integral, la formación de la juventud y la niñez deberán tener en la TV un medio ágil y moderno que contribuya a esos fines.”….
…”Asi encarada la televisión, sin desviaciones que deforman el espíritu, Salta obtendrá una conquista, que ya es privilegio de los pueblos más adelantados del mundo.
Para ello es necesario el aporte de los capitales de orientación progresista, que sin arriesgarse en aventuras indefinidas, promuevan esta avanzada del progreso con decisión y sentido práctico. No tenemos que esperar que todo venga de afuera. Los salteños contamos con capacidad suficiente para ofrecer a la provincia todo cuanto la técnica viene madurando en sus grandes experimentaciones.”
Años después su socio en Sonovisión, José Saicha, expresaba similares términos al referirse a la habilitación de Canal 3 remarcando no solo el rol que se esperaba de la televisión y sino, nuevamente, el papel de los emprendedores de la comunicación audiovisual.
“Un grupo de empresarios salteños acuciados por esa constante postergación de la provincia en materia de televisión, se impuso la tarea de contribuir al progreso de Salta dotándola de este moderno medio de extensión cultural.
Y en afanes intensos, luchando unas veces con inexplicables egoísmos otras con la incomprensión de sectores más dispuestos a la obstrucción que a la superación pero contando con el aliento generoso de ciudadanos progresistas y con una profunda vocación de presente y de futuro –que sólo mira hacia las cumbres- llegamos a esta etapa de la inauguración oficial de Canal 3 de Sonovisión con sus modernos equipos.
Salta necesita concretar un esfuerzo de tal naturaleza y hemos recogido esa exigencia.
Pensamos que el mundo moderno debe contar con todos los elementos a su alcance y servirse de ellos como medios que contribuyan a acercarnos más a mejor conocernos para profundizar así en el diálogo y en la comprensión, el auténtico concepto de hermandad y confraternidad humana.
Hemos querido poner al servicio del pueblo esta ágil expresión de lo visual para que mejor sirva a la educación ciudadana, con programas donde la expansión natural de la mente no estén reñidos con lo ético y moral.”…
Desde el otro grupo, pocos años más tarde, el presidente de Cortesa, Dr. Francisco Uriburu Michel, expresaba conceptos similares en cuanto a la relación televisión-modernidad, pero se hace especial énfasis a la iniciativa privada y a valores como la civilización, la cautela del estilo y las tradiciones de Salta y fomentar las implicancias del orden social y moral.
“Hoy culmina un tesonero esfuerzo de mucha gente da Salta para dotar a nuestro medio de uno de los elementos más sensibles y maravillosos del mundo moderno.
Cuando se piensa que el país cuenta con cinco millones de audiovidentes a través de un millón de televisores en funcionamiento se valora la acción de la iniciativa privada, que aquí ha querido proporcionar a Salta este sistema de progreso y de civilización….
…C.O.R.T.E.S.A. tendrá ahora a su cargo, en sus transmisiones cotidianas, la misión de entretener, formar e informar a todos los públicos. En esta tarea nos convocan numerosos deberes. Entre otros, el de propender a las creaciones e inquietudes que nacen en nuestro medio; el de cautelar el estilo y las tradiciones de Salta; el de seleccionar la música, cuidar la ambientación de la publicidad, estimular la pureza y corrección del lenguaje y fomentar las implicancias de orden social y moral, pedagógico y cultural…”
Tal vez, como en el caso de Romero, la habilitación de Canal 11 define en las últimas frases de su titular la concepción que acompañó y definió a un sector social en sus propuestas hacia la provincia, ya sea desde el desempeño tanto empresarial como político.
….” La televisión libre constituye el sistema adecuado para el mayor éxito de las comunicaciones y en su consolidación requiere el aporte de la iniciativa y de la actividad privada.
El esfuerzo individual y la acción empresaria han proporcionado al país una red de canales de alta categoría comercial al servicio del desarrollo económico y cultural de la Nación. Los índices desenvolvimiento de la televisión en la Argentina compiten con los países muy evolucionados de europa, gracias a la decisión y empeño de los capitales y responsabilidad de los argentinos.
En Salta, un núcleo de gente, animada de fe y de confianza ha puesto también su aporte y su acción privada en beneficio de la Provincia.”

El regreso de la televisión por cable

Luego de casi veinte años en solitario de Canal 11, en septiembre de 1983 hace su aparición la segunda generación del cable en Salta, a través de Santa Clara de Asís S.A., Canal 2. Liderados en primera instancia por la empresaria del rubro publicitario y turístico Maria Isabel Moreno Carpio (conocida en el medio como Maribel Moreno) un grupo de prósperos profesionales de leyes y otros comerciantes inician las emisiones de una señal, acotada a seis horas diarias, a abonados próximos al cabezal ubicado en el acceso al residencial barrio de Tres Cerritos. Maribel compartió sus experiencias europeas con quienes eran sus abogados, a los que les planteó las maravillas de la televisión por cable en Bélgica y los Países Bajos y definieron el nuevo emprendimiento. Diferencias societarias alejaron a Moreno de la sociedad, aunque luego reincidió sin mayor éxito con otro sistema de cable: Futuro T.V.
Canal 2 se consolidó, fue creciendo en cantidad de abonados, en oferta de señales y en brindarse como una alternativa local al conservador Canal 11. Santa Clara de Asís ha sido el nombre de la sociedad, como fantasía también se usó la sigla SCA de Sistema de Comunicación para Abonados, pero el imaginario social lo identificaba como Canal 2, más allá de la frecuencia que sintonizaran. La programación local se perfiló como alternativa de información ante el monopolio y la competencia se estableció entre canal cerrado y canal abierto.
En enero de 1986 se registra Futuro T.V. Sociedad Anónima, conformada por Maribel Moreno, quien lideraba la idea y conducía la estrategia comercial, y José Domingo Saicha (ex Sonovisión), para el funcionamiento de un nuevo cable. Moreno se había separado de sus socios de Canal 2, Santa Clara de Asís, por desavenencias operativas, pero aun conservaba sus acciones e incluso, hasta algún tiempo, la presidencia sin ejercerla. Sus acciones en Futuro S.A. estaban formalmente en mano de sus dos hijos. La competencia entre los canales fue feroz, incluso llegaba a los espacios publicitarios de la prensa gráfica, donde las empresas anunciaban sus ventajas, beneficios y hasta características diferenciales con el sistema oponente. Dentro de futuro existían quienes representaban los intereses de Roberto Romero, que oscilaba entre dos aguas entre Cortesa S.A. y Futuro S.A., lo que lleva a que en poco tiempo Futuro esea absorbido por Cortesa para luego reconvertirlo en Gold Vision, sistema que a mediados de los 90 llegaba a los quince mil abonados.

Las transformaciones del capital

Si los ochenta marcaron la instalación y crecimiento del cable, los noventa afianzaron su consolidación y la aparición de nuevos actores. Hasta aquí los accionistas locales en las empresas televisivas eran el común denominador. El capitalismo vernáculo se había transformado ya desde los primeros fundadores, alta burguesía comerciante, que arriesgaba por el simple placer de innovar e introducir una nueva tecnología de comunicación a la sociedad.
Posteriormente se advirtió el valor de instrumento de poder y formador de opinión que alternaba una posición estratégica en lo social y lo político pero además en lo económico. Por último, el rédito económico se manifestó más aun en las esferas de la publicidad y de los servicios por abono, ambos vinculados también a la consolidación de una sociedad que incorporaba nuevas pautas de consumo y de exigencias en la prestación de servicios. En relación al crecimiento y posicionamiento que iba tomando Canal 2 a través de Santa Clara de Asís, el periodista y empresario Mario E. Peña señala:
“El grupo empresario que lo conducía tampoco entendía demasiado la relación con el poder. Era prolijo, iba acumulando capital y coqueteaba con la influencia que iba adquiriendo a través del despacho semanal que yo conducía. Los abogados Juan Carlos Nallín, Roberto Soto y la escribana Estela Sabbaga, se iban alejando de los afanes jurídicos para mirar la conveniencia de seguir produciendo dividendos o entrar a tallar en el escenario político…”.
A mediados de los 90, también era buen negocio vender las acciones de las empresas, primero a grupos económicos nacionales, varias veces asociados a sectores transnacionales.
La conformación de Televisión Federal (Telefe) y la obtención de la licencia de Canal 11 de Buenos Aires motiva a la sociedad integrada por Editorial Atlántida y los empresarios del interior: Simoncini (Rosario), Massot (Bahía Blanca), Patrón Costas (Salta) a soñar con el conglomerado nacional de medios. De este proyecto no queda exento Canal 11, Cortesa, con la participación en el proyecto. Pero las transformaciones desde el grupo original de Telefé con la incorporación de nuevos capitales, ahora (decreto mediante) transnacionales (CEI-Citicorp), licua paulatinamente el rol de los representantes de provincia, hasta que finalmente el conglomerado de canales de Telefé Interior es absorbido por el capital internacional, primero CEI Citicorp y luego Grupo Telefónica.
Desde el lado del cable la situación es similar. Entre 1989 y 1994 se conforman los primeros MSO (Multiple System Operator). En Salta, como en muchos lugares del país, los empresarios locales se resisten a la venta, pero las ofertas que alcanzaron a mediados de los noventa los U$S 1.300 por abonado, perforaron cualquier prejuicio.
A mediados de la última década del siglo pasado, un grupo inversionista texano HMT&F, constituye con un pequeño grupo de empresarios argentinos un nuevo fondo de inversión para la adquisición de pequeños cables del interior denominado Mandeville. En 1997 adquieren Santa Clara de Asís y Gold Vision, una compra que supera los 55.000 abonados, más unos pequeños cables de localidades del Valle de Lerma, de Rosario de la Frontera y Orán.
La televisión de Salta, en su conformación societaria, pasa a ser multinacional antes de que finalice el siglo XX.
El único canal abierto es una pieza en un conglomerado de medios que, en el país, limita a sus “filiales” a plegarse a la organización de horarios y programación de Canal 11 de Buenos Aires, las pocas producciones locales deben conformarse con los horarios marginales dispuestos por el gerenciamiento nacional. El satélite permite dos cosas: engancharse a una emisión y, a la vez, ser controlados desde oficinas centralizadas.
En el cable los inversores HMT&F, se mimetizan entre los deslizamientos líquidos de la última modernidad. Las transformaciones son continuas, aparecen y desaparecen actores, se compra y se vende, se compite y se asocia: primero con el Grupo Telefónica, luego con Liberty Media. Los capitales migran y las inversiones se destinan a otros objetivos. Canal 2 y Gold Vision hoy son Cablevisión, el último bastión del Grupo Clarín.
En 1998 comienza a asomar un nuevo emprendimiento, Cable Express, una transformación de Decoteve, pequeño sistema de distribución aérea codificada de televisión. Las nuevas fuerzas vienen intensificadas por una compra: El Grupo Bandiera, surgido de dos hermanos que participaron de los resultados económicos e inversión financiera producto de la venta de Imagen Satelital al Grupo Venezolano Cisneros. Cable Express opera además en Rosario y Santiago del Estero.
Atrás quedaron los sueños de los emprendedores locales, de su compromiso –más allá de las diferencias- de protagonizar cambios en nombre del progreso, del desarrollo, de la modernización, del bienestar. Las esperanzas nacientes fueron desplazadas por las frustraciones crecientes, y de ellas derivamos en las resignaciones latentes. La esperanza mutó en tranquila espera del devenir y el cambio social en práctica individual de consumo.
La televisión, incluso en geografías periféricas, o quizás más en ellas, casi como no podía ser de otra forma, acompañó los avatares del mundo en medio siglo y tal vez solo fue un simple espejo de lo que acontecía, no solo en su pantalla sino en si misma.
Nota: Las tres partes publicadas en este blog han sido producto de una investigación realizada en la UCASAL y publicada en la revista Tercer Milenio, de la Universidad Católica del Norte, Antofagasta, Chile.

Enlaces para la Televisión en Salta

La referencia aportada por Jimena es un artículo publicado por Gregorio Caro Figueroa. Efectivamente es un colega y amigo que se desempeña como Secretario de Cultura de la Provincia de Salta. Es unos de los hijos de Don Armando J. Caro, exponente del desarrollo de la telegrafía, la radio y la televisión en Salta.
Gregorio, el "gori", tiene en su casa de Cerrillos, una espectacular Biblioteca que lleva el nombre de su padre, donde cuenta no solo con material vinculado al tema sino también con varios elementos técnicos que dan testimonio de aquellas décadas.
Gori, sus artículos y su biblioteca han sido una importante fuente para nuestra investigación, además del invalorable testimonio de otros protagonistas de la historia como Victor Martorell, Mary Gervino, Ángel Longarte, Luciano Tanto y Maribel Moreno.
Adjunto el link del material publicado por "Gori" en iruya.com, titulado "Cuando la TV llegó a Salta"

http://www.iruya.com/content/view/274/113/

lunes, mayo 05, 2008

La Televisión en Salta: Parte 2 "Los pioneros"

La pasión por la radioafición llevó a tres conocidos de la actividad a desafiar la inercia del momento e innovar con la posibilidad de emitir señales audiovisuales a través de un cable. José Eduardo Saicha, José Armando Caro y Juan Mesa Sánchez comienzan en octubre de 1962 a experimentar con el proyecto técnico. El empuje empresarial y económico proviene de Roberto Romero quien propone que en la constitución de la sociedad comercial se incorporen referentes de las tiendas de electrodomésticos que operaban en la plaza local.
El objetivo principal era explotar un servicio de televisión por ondas hertzianas para lo que habría que contar con una autorización del gobierno nacional. Así las cosas eran varias las empresas interesadas para el otorgamiento de una frecuencia: Cortesa S.A., Radiodifusora Güemes S.A. (que explotaba la concesión de la única frecuencia radiofónica comercial) y Telenorte (a la sazón Sonovisión).
Los antecedentes políticos de su militancia en el Justicialismo, fue Senador Nacional, no aconsejaron oportuno que José Armando Caro figurara en la sociedad, sin embargo junto a Juan Mesa Sánchez, un español radicado en Salta desde la década del 10 fueron los soportes humanos locales para el desarrollo técnico de las emisiones. Según Víctor Martorell, quien primero fuera síndico de Sonovisión y luego Gerente General, José A. Caro era tan apasionado de la tecnología que no le interesaba en formar parte de la sociedad, el objetivo de Caro y Mesa Sánchez era hacer funcionar el sistema, eso lograría su mayor satisfacción.
Caro y Mesa Sánchez fueron cofundadores del Radio Club Salta en 1926. Pese a ser abogado, la técnica de la emisión y recepción de señales, fue una pasión para Caro desde muy joven, habiendo participado con su amigo Mesas Sánchez de las primeras emisiones radiofónicas salteñas en 1929. El mismo placer por la radioafición lo compartían con José Eduardo Saicha, propietario de Casa Novel.
En 1964 se iniciaron las emisiones oficiales de la televisión por cable salteña tras una autorización del Concejo Deliberante. El Departamento Ejecutivo Municipal, ante el insistente requerimiento de los interesados en prestar el servicio, elevó al legislativo municipal un proyecto de Ordenanza de Licitación Pública. Según Víctor Martorell, abogado, él mismo redactó el texto de la ordenanza municipal que fuera analizada y aprobada por los concejales. Por unanimidad los concejales decidieron eliminar este proceso y autorizar a todos los solicitantes de permisos siempre y cuando cumplan requisitos indispensables que hacen a la garantía del televidente (la opción de programas y no el monopolio). Entre los interesados figuraban Radiodifusora Gral. Güemes S.A. licenciataria de LV9 Radio Güemes, José Domingo Saicha y Yamil Chibán, Mercurio S.A., J. Fernández García y Leiva Guestrín y Moschetti S.A.. Finalmente algunos interesados aunaron esfuerzos, tal es el caso de Mercurio con Fernández García, con emisiones desde la tienda que este último poseía (La Mundial), o José Saicha (Casa Novel, Titán y Soler), Yamil Chibán y Torelli (Sabantor), César Pepino y Marta Moschetti (Moschetti S.A.), Humberto y Ricardo Maluf (Hy R Maluf), Roberto Romero (El Tribuno).
En el Registro Público de Comercio figura la inscripción de SONOVISIÓN S.A. en el Libro 31, Asiento 5136, Folio 147 del 5 de agosto de 1964, la personería jurídica es otorgada según decreto Nº 3597. El objeto de la sociedad es “por cuenta propia o de terceros a la instalación y explotación de estaciones difusoras de radiofonía y televisión”. Figuran como directores titulares los siguientes accionistas: José Domingo Saicha, Roberto Romero, Domingo Altamira, Jamil Chibán y Ricardo Maluf; siendo los suplentes Humberto Francisco Maluf, Juan Anacleto Torelli, César Alberto Pepino, Nélida Margarita Romero (hermana de Roberto, que en los inicios de los 80 se integra al cuerpo de accionistas de Cortesa) y José Eduardo Saicha.

La innovación tecnológica

Los antecedentes de la distribución de señales de sonido e imágenes pueden retraerse a Francia, finales del siglo XIX, cuando Clement Ader inventó el “teatrófono”. “El sistema consistía en conectar, mediante un hilo especial, a los abonados de teléfono con varios teatros de París. Se hacía posible así, sin abandonar el domicilio, la recepción acústica-ya que no visual- de la pieza teatral seleccionada, y en el mismo momento en que era representada… A pesar de que el teléfono no era común, el número de abonados al “teatrófono” llegó hasta los tres mil. El método sobrevivió hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial”.
El origen de la televisión por cable la sitúan algunos autores como el propio Pigeat , en 1949 en Astoria, Estados Unidos, cerca de Seattle. La recepción de las señales de los canales provenientes de antenas ubicadas en la mayor ciudad cercana era dificultada por la presencia intermedia de montañas. La instalación de antenas en altura y la distribución de señales de mejor calidad a través de cables, permitió a los vecinos de Astoria, en un emprendimiento comunitario, superar una dificultad. Otras fuentes delegan en John Walson, de Mahanoy City (Pennsylvania), la responsabilidad de la creación de la cablevisión. “Su tienda de radios y televisores estaba situada en una aldea encerrada entre montañas. En ella la recepción de las señales era muy deficiente. Walson tendió un cable entre la montaña vecina y su tienda, con lo cual consiguió mejores señales televisivas y, por tanto, una mejor imagen en pantalla. Esta primera instalación de televisión por cable incrementó las ventas de tal manera que marcó un hito a escala mundial”.
En Salta las experiencias por cable no tenían como objetivo la mejora de señales ya existentes, al contrario, los orígenes de Tonsa, Sonovisión y Santa Clara de Asís, se sustentaron en la conformación de una única grilla de programación que incluían propuestas de factura local, producidas con los limitados medios técnicos disponibles y la experiencia de recursos humanos que habían transitado por medios gráficos, radiofónicos o, como en el último caso de la televisión aérea.
La experiencia de Tonsa TV a fines de los cincuenta había demostrado las dificultades en la emisión de señales, aun por cable. Pérdida de señal, deficiente calidad, necesidad de amplificación, etc., fueron situaciones percibidas y analizadas por los amigos radioaficionados quienes alentaron a Romero en la posibilidad de que los recursos humanos locales podían superar y mejorar el primer sistema experimental. Víctor Martorell marca el carácter deportivo de la iniciativa (solo pusimos plata, tiempo y trabajo), con riesgos económicos totales y un desafío de incorporar a Salta a los cambios mundiales.
En la época las comunicaciones eran difíciles, no solo a nivel de los tradicionales medios de comunicación, sino también de las transacciones comerciales.
En el primer caso solo existían en Salta dos diarios El Tribuno y El Intransigente, que elaboraban sus noticias con coberturas periodísticas locales y se nutrían de la información nacional e internacional a través de servicios de agencia. Los diarios originados en la capital del país llegaban esporádicamente y solo eran leídos por un sector selecto de la sociedad. El sistema de radiodifusión estaba integrado por solo dos emisoras en amplitud modulada: Radio Nacional y Radio Güemes, las que transmitían en horarios reducidos y cuyas fuentes informativas eran similares a la del periodismo gráfico, con dificultades se sintonizaban emisoras nacionales e internacionales a través de las bandas de onda corta. Los cines de la ciudad recibían las películas del circuito comercial muchas semanas después de producirse los estrenos en la ciudad de Buenos Aires, en el mismo orden periférico en el cual se desarrollaban la mayor parte de las actividades en una provincia lejana a la capital del país, poco poblada y ubicada en un último anillo que era precedido por centros urbanos de mayor trascendencia como Rosario, Córdoba, Mendoza o Tucumán.
En el segundo caso, los sistemas de comercialización estaban condicionados por la ubicación de las oficinas centrales o principales filiales de las más importantes empresas, en las ciudades más pobladas del país y las redes de transporte, principalmente ferrocarril, que dilataban las entregas de materiales.
Martorell reconoce una apreciable colaboración de la filial de la empresa Philips en Tucumán, quienes realizaron los contactos con la central holandesa para el suministro de equipamiento, reconociendo que por esa gestión la empresa les habilitó una cuenta corriente para la adquisición de equipamientos. Los cables eran importados y los amplificadores de línea valvulares y alimentados con corriente alternada de 110 volts. Los suministraba la firma Deneb, propiedad del Ing. Huller, quien también rubricó la carta enviada a Philips de Holanda. El dato curioso es que la respuesta fue recibida el mismo día en que se iniciaron las emisiones, en la que se contestaba que el proyecto era imposible de realizar.
La alimentación eléctrica de los amplificadores era domiciliaria y debía contarse con la buena voluntad de los abonados para que autorice a su conexión. Los portantes que sostenían la red eran pesados y precarios herrajes adheridos a las paredes. La proyección de las películas se hacía sobre un plano, con celuloide de 16 mm, y capturada por una cámara, cuyo resultado final, siempre en blanco y negro, eran imágenes distorsionadas. Comienza a aplicarse el telecine, una caja en forma de T invertida en la que por uno de los extremos laterales se proyectaba una película y un sistema de espejos internos permite que una cámara recupere las imágenes a ser emitidas. Este aparato permitía la conmutación de señales reproducidas por uno o dos proyectores de películas y un carro de diapositivas o slides. Los telecines continuaron utilizándose hasta mediados de los años ochenta, una vez que el video se consolidó en los sistemas de distribución, se automatizaron algunos procesos y el satélite condicionó las continuidades de programación.
“En esos tiempos, los spots publicitarios se hacían sobre cartones pintados manualmente. Los letristas como se los conocía, verdaderos artistas del pincel los fabricaban según el requerimiento de cada comercio o producto que se quisiera ofrecer. A poco de andar se comenzó también a intercalar el sistema de diapositivas que permitían mostrar imágenes de cada uno de los negocios de los anunciantes y de la mercadería que se quería comercializar en el mercado”.

martes, noviembre 20, 2007

La Televisión en Salta: Parte 1 "Los primeros tiempos"

La televisión se presenta como un medio de comunicación, una tecnología, un subsistema social que, entre otras funciones, introduce a sus integrantes en un proceso social, económico, cultural y político conocido como modernidad. Al decir de Niklas Luhmann forma parte del entramado conocido como medios de comunicación para las masas, instrumentos de conocimiento de la sociedad, la historia, el mundo y la naturaleza, sobre los que recae la sospecha premeditada de la manipulación que, si bien no genera consecuencias notables despierta cierta duda. Esta admisión de unas consecuencias cognitivas, a pesar de, se debe a que el conocimiento distribuido por los medios parece estar elaborado de un textura autorreforzada que se entreteje a si misma (sistema autopiético).
Cabe considerar que como sistema social la organización de los medios en todos sus procesos de producción de contenidos y distrubución de los mismos involucra personas, en una interrelación compleja, costosa y, a veces, profesionalizada. Supone además una serie de presupuestos tecnológicos y por que no económicos, que no solo han manifestado vertiginosos cambios en las últimas décadas sino también la determinación de áreas hiperespecializadas y altamente gravosas. En este contexto debe entenderse la preponderancia del rol de la propiedad de los sistemas productivos y distributivos de la comunicación y específicamente en la televisión argentina –más aun del interior- el papel del capital privado, los emprendimientos particulares y el riesgo individual en la acometida de comprometerse en la instalación y crecimiento de un medio innovador. Este aspecto también involucra a personas que optaron deliberadamente por la decisión de experimentar o iniciar las actividades de los canales de televisión. La decisión seguramente no estuvo ni estará desvinculada de sus intereses personales, profesionales, comerciales, económicos, societarios e incluso políticos.
Las décadas de 1950 y 1960 están marcadas en el mundo, entre otras cosas por la consolidación de una concepción bipolar, la supremacía occidental del capitalismo, la consolidación de nuevos estados de posguerra y la superación de hambrunas y enfermedades en dos tercios del mundo empobrecido. Daniel Lerner afirma que “la década de 1950 fue testigo de la expansión de los proyectos de desarrollo económico en gran parte del mundo. Este proceso de revitalización de las culturas, de surgimiento de naciones y de nuevos estados, se caracterizó de modo amplio como una –revolución de esperanzas nacientes-”. Posteriormente los habitantes de muchas naciones comenzaron a experimentar desilusiones al no coincidir los logros con las expectativas, nacen las frustraciones crecientes. La televisión se convirtió en la época en uno de los baluartes de las promesas de modernización, progreso, superación de las condiciones de vida, donde el bienestar económico y la administración personalizada de nuevos tiempos liberados del trabajo y las ocupaciones, formaban parte de un nuevo capital humano a invertir, en la información, el entretenimiento y el placer.
La densidad de aparatos de radio, cantidad de diarios y revistas impresos, médicos y camas de hospital por habitante, o de hogares con televisores eran los nuevos indicadores “objetivos” de la condición moderna de los estados. En principio nadie aspiraba a quedarse atrás. En la Argentina ocurrió lo mismo, el contexto favorecía. En 1959 se inician las primeras emisiones experimentales de televisión en Salta. Gobernaba el país Arturo Frondizi surgido de la Unión Cívica Radical, pero expresando a un sector denominado intransigente, fracción que posteriormente diera lugar al Movimiento de Integración y Desarrollo, sustentado en el desarrollismo nacional que inspiraba las políticas de aquel gobierno, entre cuyas banderas se esgrime la aplicación de la política petrolera que derivó en el autoabastecimento y el crecimiento del consumo diversificando la dirección, orientación y estimulación de las acciones por parte del estado y por parte del capital privado el rol de “quien debe llevar a la práctica lo que se propone como necesario para asegurar el tránsito hacia el desarrollo”. En Salta, desde 1958, cumplia sus funciones como gobernador Don Bernardino Biella, líder de la expresión local del “frondizismo”. Otro exponente del sector era Jorge Raúl Decavi, Diputado Nacional en el mismo período en que Biella gobernaba en Salta. Decavi ocupó entre 1958 a 1960 la Vicepresidencia Segunda de la Cámara Baja Nacional, cargo importante para un legislador del interior que, en 1961, se convirtiera en Vicepresidente Segundo de la misma. En 1962 fue candidato a gobernador por la UCRI. Los datos no son menores en el contexto económico y político de los medios de comunicación salteños, teniendo en cuenta que Biella y Decavi formaban parte, junto a Roberto Romero, de la sociedad que toma posesión del control del Diario El Tribuno, el 6 de septiembre de 1957, Horizontes SAFICI . Seguramente, las obligaciones políticas de ambos funcionarios, generaron ciertas limitaciones en la flamante sociedad, lo que derivó en que la Presidencia del Directorio recayera en Roberto Romero.
El primer gran proyecto de la empresa fue la construcción de un edificio propio en Zuviría 20, frente a la Plaza principal, lugar donde el 29 de agosto de 1959 se realizaron las primeras emisiones televisivas por un sistema de circuito cerrado gestionado técnicamente por una empresa tucumana denominada Tonsa TV. Las primeras emisiones eran completamente en vivo. Mientras los presentadores, encabezados por César Fermín Perdiguero, leían glosas, promocionaban productos o casas comerciales o improvisaban la continuidad de las emisiones, iban desfilando distintos números artísticos de conjuntos musicales, grupos de baile, recitadores o tod aquel que tuviera alguna destreza artística para mostrar y amplificar su actuación ante los primeros amplios públicos televisivos. El sistema de circuito cerrado solo permitía llegar con la señal a aquellos lugares que previamente habían solicitado su conexión, esto era equivalente a las vidrieras de los locales comerciales más cercanos. Según Víctor Martorell, quien fuera asesor de Roberto Romero, se trataba de once casas de comercio ubicadas en los alrededores de la Plaza 9 de Julio, a no más de tres cuadras. Las emisiones de TONSA TV para Diario El Tribuno, como las posteriormente realizadas por MERCURIO SA, no contaron con programación estable ni continuidad en las emisiones, se trataron de emisiones experimentales que, en el caso de la segunda se efectuaban, también en vivo, luego de la atención al público, en los amplios salones de la Tienda La Mundial, en Belgrano y Mitre.
El video tape era aun una técnica desconocida en las experimentales televisoras salteñas de circuito cerrado. A esta altura la televisión porteña sumaba experiencia, iniciaba la década del 60 con tres canales de emisión abierta, el oficial 7 y los privados 9 y 13. En 1961 comienza a transmitir canal 11. En el interior los primeros canales fueron el 12 de Córdoba y el 8 de Mar del Plata en 1960 y el 7 de Mendoza inaugurado en 1961. En 1963, durante el gobierno de José María Guido se produce un proceso de otorgamiento de licencias a dieciséis nuevos canales en el interior del país, entre ellos Canal 11 de Salta. Pero en el medio de TONSA TV y CORTESA SA están las emisiones de SONOVISIÓN.

lunes, noviembre 20, 2006

El pequeño transistor comienza a cambiar el mundo

Varias han sido las revoluciones o grandes cambios que han incorporado determinados instrumentos en la vida de interacción entre los seres humanos.


En el ámbito de la comunicación la escritura, la imprenta y el papel han sido componentes fundamentales en la historia de la humanidad. Así también ha ocurrido, en una etapa más próxima, con la impresión en frío, las fotocopiadoras, las fotoduplicadoras, el cine, la radio, la televisión y la cinta magnética, entre otros.

Pero es en la segunda mitad del siglo XX donde cuatro complejas tecnologías que, junto a sus múltiples aplicaciones, generan un profundo cambio -incluso- en los tradicionales medios de comunicación, ellas son: el circuito electrónico integrado con su última versión el microprocesador, la tecnología aerospacial con su producto el satélite, los sistemas digitales con su codificación binaria, y la fibra óptica.

Menos de medio siglo ha insumido un dinámico proceso, aun en marcha, que ha revolucionado las formas humanas de comunicación a distancia, no solo de unidades de información y de posibles transacciones comerciales sino del mismo traslado atómico de objetos y personas. La migración humana (las diásporas diversas) y los medios de comunicación electrónicos sustentan una teoría de la ruptura de la modernidad tradicional y da lugar a una modernidad desbordada, según Arjun Appadurai.

Antes de hacer referencia a esas cuatro tecnologías debemos proceder a analizar algunos antecedentes, ni siquiera tan lejanos en el tiempo. Requisito indispensable es entender los cambios insinuados ya con la incorporación de un componente básico para la historia de la revolución de las comunicaciones.

En 1948, tras diez años de investigaciones, John Bardeen, William Shockley y Walter Brattain inventaron un novedoso dispositivo llamado transistor. Lo crearon en los laboratorios Bell en Nueva Jersey. El transistor cumplía la misma función que el tubo de vacío, un componente esencial para la telefonía y la radiodifusión. ambos permiten aislar una señal eléctrica determinada, como una onda radiofónica, para amplificarla.

El transistor consistía en dos pequeños hilos de oro conectados a un minúsculo ladrillo de germanio procesado. El germanio es un elemento que se encuentra en el carbón, puro es aislante y no conductor, pero al contaminarlo con impurezas se convierte en semiconductor.

El tubo de vacío también era un semiconductor en el que el propio vacío -al igual que el germanio- actuaba como aislante. Sin embargo consumía mucha electricidad, necesitaba tiempo previo de calentamiento, luego se recalentaba y también ocupaba mucho espacio.

El transistor era cincuenta veces más pequeño. Siendo un semiconductor de estado sólido demoró cinco años en ser aceptado plenamente por la industria y el mundo académico. Así y todo en 1956 Bardeen, Shockley y Brattain recibieron el Premio Nobel de Física por la invención del transistor.

Años antes se había fundado Shockley Semiconductor Laboratory en Palo Alto, al sur de San Francisco, en el Valle de Santa Clara, que luego fuera denominado Valle del Silicio o Silicon Valley, el gran núcleo tecnológico y económico del oeste de Estados Unidos. Sede de numerosas e importantes empresas de la nueva economía de la información.

Más adelante algunos protagonistas repiten historia con la invención del circuito electrónico integrado, pero hasta aquí ya nos encontramos con el reconocimiento (a cincuenta años solamente, tiempo inferior a la expectativa de vida de un ser humano en occidente) de un pequeño instrumento que anticipa los grandes impactos en las características individuales y sociales contemporáneas.

En próximas entregas propondré reflexionar sobre los cambios, los aportes, los impactos de estas aplicaciones; interpretando cuestiones que suelen reducirse a lo técnológico para comprenderlas en relación a sus usos y a la influencia que ejercen en nuestra relación con el mundo.

lunes, mayo 29, 2006

La economía, el mercado y los medios

En los noventa, con bastante asombro, se escuchó decir que la Argentina se encaminaba por la Economía Social de Mercado. Una idea que generó más resistencias que adhesiones, puesto que aquello del mercado siempre cae mal en autopropulsados criterios progresistas.
La economía social de mercado, con intervención reguladora del Estado, es una forma de aplicación de la economía de mercado que incluye puntos de vista sociales en la promoción básica de la competencia. De esta manera se ha definido desde 1948 la política económica de la entonces República Federal Alemana, la que posteriormente, sin pocos sacrificios y costos, asumió la unificación alemana y aportó su potencial económico a la consolidación de la Unión Europea y a la emisión del Euro. Pero atención, no nos ilusionemos, por que de ninguna manera fue ese modelo lo que se puso en práctica en Argentina.
En realidad el modelo que impera en muchos países, siendo Argentina un buen representante, podría ser caracterizado por el de la impunidad de presión de los intereses sectoriales, que se instala no por la razón y el consenso, sino por la salvaje imposición económica. Tal vez lo podríamos denominar “Economía Particular de Intereses”. Ese modelo no ha sido dictado directamente por el FMI, aunque su gran responsabilidad es la de tener la capacidad intelectual necesaria para advertir esas situaciones e incidir en su corrección y superación, además de no hacerlo con el mismo fervor como tantas veces lo ha hecho con otro tipo de situaciones. Su omisión fue un aliento para esos procesos, situación que -al menos- lo convierte en cómplice.
El modelo imperante es la tergiversación (en algunos casos involuntaria, en otros no) en la aplicación de los mecanismos para establecer lo que toda política económica y social se supone persigue: el bienestar general a través de la satisfacción de necesidades mediante la oportuna utilización de los recursos.
Esa tergiversación se funda en varios aspectos caracterizados principalmente por la falta de protagonismo del Estado en lo que más debiera protagonizar. En primer lugar, es marcado el descuido del rol que el Estado debe perseguir en procura de un crecimiento justo y equitativo, además de su marcada ausencia en el dictado de las estrategias generales para definir un rumbo a seguir. El Estado prescindente ha desocupado un espacio que ha sido reocupado ya sea por los fuertes intereses personales y sectoriales, capaces de utilizar la fuerza física o del dinero para imponerse, o incluso por precarios e informales mecanismos horizontales que, a su manera, establecen un extraño nuevo orden.
Otra de las graves falencias es la de no cubrir satisfactoriamente las necesidades legislativas que requiere una adecuada organización.
Los estamentos legislativos, han respondido plenamente al modelo indicado como de “Economía de Intereses Particulares”. En dos décadas de actividad legislativa no se ha construido la red de leyes que estipulen en forma clara y coherente las reglas de juego permanentes para la consolidación de la República, basadas en la igualdad, el respeto, la defensa de los intereses sociales, la obtención equitativa del bienestar y el crecimiento económico general.
El ámbito de los medios de comunicación es uno de los más representativos. En este lapso el Congreso Nacional no pudo ofrecer una ley que reemplace a la número 22.285 de Radiodifusión, emitida por los militares en 1980. Menos aún se les puede pedir haber cumplimentado con el establecimiento de reglas de juego para el funcionamiento de los sistemas de cable, la emisión y recepción satelital, la transmisión de datos por distintos soportes tecnológicos, la convergencia tecnológica o las flamantes radio y televisión digitales. En ese contexto y en ese lapso de tiempo, en el ámbito de los medios electrónicos, ocurrió cualquier cosa, que es decir la imposición del más fuerte por cualquier mecanismo sin que a nadie, de los que deberían bregar por ello, se les moviera un pelo.
En cuanto a decenas de proyectos que han circulado por distintos pasillos oficiales con textos que pretendían reemplazar a la mencionada ley producían como mínimo pavura. Mientras en algunos casos se trataba de fieles reflejos de los intereses particulares o de sector, en otros, eran una burda copia -algo modificada- de la ley que pretendían superar. En todos los casos la sensación era la misma y se orientaba más hacia la idea de acomodar ciertas cosas al momento inmediato, que en proyectar una actividad no solo económica, sino socialmente estratégica hacia el futuro, movidos por la consolidación de un sistema social, político y económico moderno, digno para cada ciudadano argentino.